La protección solar es la forma más respaldada por la evidencia de prevenir las arrugas. La radiación UV degrada las fibras de colágeno y elastina de la dermis, acelerando el envejecimiento años antes de que se haga visible en la superficie. Incorporar un SPF diario de forma constante actúa sobre la causa, no solo sobre los síntomas.
Elija un SPF de amplio espectro
No todos los protectores solares protegen por igual. Las fórmulas de amplio espectro bloquean tanto los rayos UVA, que penetran en profundidad y degradan el colágeno, como los rayos UVB, que provocan quemaduras superficiales. El SPF 50 es la opción preferida para el uso diario, ya que ofrece una protección significativamente mayor que el SPF 30 durante una jornada completa al aire libre.
Busque una fórmula ligera de amplio espectro que se integre bien bajo el maquillaje y no deje una capa blanquecina ni obstruya los poros. Los filtros minerales y químicos ofrecen buenos resultados cuando se aplican generosamente y se reaplican de forma constante.
Reaplique el protector solar a diario
Una sola aplicación por la mañana no protege durante toda una jornada al aire libre. El protector solar mantiene su eficacia durante unas dos horas, por lo que una fórmula aplicada a las 7 de la mañana ofrece poca protección a media mañana sin una segunda aplicación. La exposición a los rayos UV se acumula incluso en días nublados o a través de las ventanillas del coche, ya que los rayos UVA atraviesan el cristal con poca resistencia. Reaplique cada dos horas cuando esté al aire libre y no prescinda del protector solar en invierno; los rayos UV no desaparecen con el calor.
Evite la exposición máxima a los rayos UV
Entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, la intensidad de los rayos UV alcanza su punto máximo. La sombra, la ropa protectora y un sombrero de ala ancha reducen de forma significativa el daño acumulativo. No son precauciones reservadas para los días de playa; los trayectos cotidianos y las pausas para comer al aire libre se acumulan con los años.