Nuestro organismo produce de forma natural una proteína denominada lamina A. Esta proteína actúa como soporte estructural esencial para los núcleos de nuestras células, garantizando su correcto funcionamiento y la protección de nuestro ADN.
Sin embargo, a partir de los 24 años, las células de nuestra piel comienzan a sintetizar una versión alterada de esta proteína, llamada progerina. Dicha proteína se acumula en el interior de los núcleos celulares, comprometiendo su función y su capacidad de renovación. Esta alteración a nivel celular acaba por degradar los tejidos y marca el punto de partida del envejecimiento celular.
Así, la progerina se establece como un verdadero marcador del envejecimiento, al estar implicada en 13 de los 14 mecanismos del envejecimiento celular (Kroemer et al. 2025. From geroscience to precision geromedicine: Understanding and managing aging. Cell. 188:2043–2262.).